En este artículo quiero hablar de aquellos elementos que considero totalmente fundamentales para el éxito de la aplicación de la metodología TPRS en las clases de idiomas.
Todos los consejos y actividades que he mencionado en otros artículos hasta el momento son de gran utilidad para la enseñanza en las clases de idiomas pero, como ya he comentado en muchas ocasiones, cada profesor va a comprobar por sí mismo cuáles le resultan útiles y cuáles no, cuáles se adaptan mejor a sus características y las de sus alumnos y cuáles no lo hacen, con cuáles se siente más cómodo… Sin embargo, en este artículo quiero presentar unos pocos elementos que creo que son absolutamente esenciales para la adquisición verdadera del idioma por parte de los alumnos.
Estos elementos son los siguientes:
“Input”, información o entrada comprensible:
Después de otros artículos en los que hablo de la importancia del “input” o entrada comprensible, la inclusión de este elemento en esta lista puede resultar evidente, pero es necesario recordar a todo el mundo su importancia capital para la adquisición de un idioma.
A pesar de la aparente complejidad del método por momentos, del gran número de recursos y actividades disponibles…, al final todo se basa sencillamente en el hecho de hacer que el mensaje sea comprensible para los alumnos. Si esta premisa se cumple, todo lo demás resulta secundario, pues la adquisición se estará produciendo. Ya hemos visto en otros artículos que existen varias formas para hacer que el mensaje sea comprensible (uso de gestos, asociación de palabras…), por lo que nuestra principal preocupación no será otra que la de buscar los recursos más adecuados para hacer que la información resulte comprensible para los alumnos.
También sabemos por los trabajos de investigación y las hipótesis de Stephen Krashen y por el ejemplo de los niños pequeños con su lengua materna que la información recibida precede a la producción, y que la primera es la causa de nuestra adquisición de una lengua y la segunda simplemente un resultado, por lo que repito nuevamente que el principal objetivo de los profesores debe ser el de proporcionar grandes cantidades de “input”, información o entrada comprensible para que los alumnos desarrollen sus habilidades lingüísticas y adquieran un determinada idioma.
Por tanto, no debe preocuparnos tanto el hecho de si estamos haciendo las clases de idiomas interesantes y divertidas (no debería hacerlo en absoluto, de hecho), de si estamos utilizando las actividades más adecuadas, los recursos más útiles… sino simplemente respetar este principio y proporcionar a los alumnos información que puedan comprender. Al final, es tan “sencillo” como eso.
Personalización:
Éste es uno de los recursos fundamentales para conseguir que los alumnos mantengan el interés por las historias en particular, y por las clases de idiomas en su conjunto en general.
Cuando incluimos sus nombres en la historias, cuando los personajes de éstas tienen características de la vida personal de los alumnos, cuando enseñamos mirándoles a los ojos, cuando los utilizamos como actores… estamos contribuyendo enormemente a que su interés sea muy elevado, ya que se van a sentir una parte fundamental de la historias, van a sentir que son tenidos en cuenta y que sus opiniones son importantes, y van a tener también un gran sentimiento de propiedad sobre dichas historias. Además, a todo el mundo le gusta hablar de sí mismo, de sus características y de su vida. Imaginad cuál será el nivel de involucración y atención de un alumno cuando al protagonista de la historia le encante, por poner un ejemplo, tocar el violín, sabiendo que esa es exactamente la actividad favorita de dicho alumno.
No sólo eso, sino que esto facilita en gran medida el trabajo del profesor. No tendrás la necesidad de preparar de antemano las historias más divertidas y maravillosas que puedan atraer su atención, sino que simplemente deberás mostrar interés por sus características personales, aficiones, preferencias… e incluirlas en la historia, y serán ellos mismos los que dicten el rumbo de la clase y construyan las historias a partir de información que sabemos que les va a mantener involucrados y con un elevado nivel de atención.
Éste es, en definitiva, un elemento esencial para el éxito de un determinado curso o programa, pues asegura la presencia de una atmósfera de gran involucración, atención y colaboración por parte de los alumnos. No nos olvidemos, además, de que los alumnos van a ser el centro de absolutamente todo lo que hacemos, el elemento central de una clase, y debemos mantener esto siempre en mente si queremos que la experiencia sea satisfactoria y que se acabe produciendo la adquisición del idioma.
Ir despacio:
Se trata de otro elemento fundamental para el éxito de las clases de idiomas y, particularmente, para permitir que el mensaje sea comprensible y el lenguaje sea realmente adquirido por los alumnos.
Como ya he comentado en alguna ocasión, a nuestro cerebro de hablante nativo o avanzado le va a costar, en un primer momento, hablar más despacio y hacer la transición entre nuestro discurso de la calle y el necesario para que se produzca la adquisición de la lengua por parte de los alumnos. Sin embargo, esta transición es un paso crucial para el éxito de las clases de idiomas, pues ayuda a hacer que el mensaje sea comprensible y proporciona tiempo al cerebro de los alumnos para asimilar toda la información recibida. Algunos de los profesores más experimentados suelen comentar que para que el ritmo del discurso sea el adecuado, éste debe resultar dolorosamente lento para el cerebro del profesor.
El hecho de modificar la velocidad de nuestro discurso resulta especialmente importante en niveles iniciales. Evidentemente, el discurso puede ser más rápido cuanto mayor sea el nivel de los alumnos, pero siempre debemos tener en cuenta que el ritmo adecuado es aquél que hace que el “input” o información sea comprensible para ellos, lo que, como ya hemos visto en múltiples ocasiones, constituye la clave para la adquisición del idioma.
Éste es un elemento de la enseñanza de idiomas que se suele pasar por alto pero que resulta fundamental para el éxito de la experiencia. En muchas ocasiones, nos sentimos descorazonados porque la clase no está teniendo el éxito que nosotros esperábamos, porque el mensaje parece no ser comprensible, porque da la sensación de que los alumnos no acaban de seguir la historia… y empezamos a darle vueltas a todo aquello que creemos que podemos estar haciendo mal o, incluso, dudamos de nuestra capacidad y de la de nuestros alumnos cuando, en muchas ocasiones, el único problema es que no estamos yendo lo suficientemente despacio para que el mensaje sea comprensible y la adquisición del idioma se produzca.
El varias veces mencionado profesor Ben Slavic, por ejemplo, comenta en algunos de sus libros que éste fue un descubrimiento totalmente revelador. En ellos, habla de cómo solía experimentar algunos de estos sentimientos de frustración que he comentado ahora y de cómo su percepción de la enseñanza cambió radicalmente cuando algunos de los alumnos que parecían estar perdidos empezaron a comprender el mensaje y a seguir las historias, simplemente al modificar su discurso y hablar más despacio.
Es, por tanto, una característica que resulta peligrosamente fácil de obviar en las clases de idiomas por la inclinación natural de nuestro cerebro nativo o avanzado a hablar más deprisa, pero que es fundamental para que la información proporcionada sea comprensible para los alumnos. No nos olvidemos de que éstos son el elemento central de la enseñanza de idiomas, y de que su adquisición de una determinada lengua depende, en gran medida, de elementos y características como ésta de hablar más despacio.
Las constantes preguntas y las repeticiones:
Las constantes preguntas en la construcción de las historias y en otras actividades son un elemento imprescindible para ayudar a la comprensión del mensaje por parte de los alumnos y para proporcionar las repeticiones necesarias para que se produzca la adquisición de determinadas estructuras y, en última instancia, del idioma en sí.
La naturaleza de estas preguntas (no fuerzan la producción en absoluto y requieren sólo de respuestas cortas y sencillas, especialmente en niveles iniciales) provocará además que la presión, “filtro afectivo” o nivel de ansiedad de los alumnos sea prácticamente inexistente, favoreciendo nuevamente que su atención esté centrada en el mensaje y no en la forma.
Por otra parte, estas preguntas ayudan también a comprobar si los alumnos están entendiendo el mensaje y el desarrollo de la historia, permitiendo al profesor ajustar su discurso si esto no se estuviera produciendo. Constituye además una forma bastante sencilla de introducir nuevos términos dentro del contexto general de la historia, aumentando el vocabulario y el conocimiento de los alumnos de forma natural (por ejemplo: si el protagonista de la historia es un elefante, preguntas del tipo ¿hay un elefante o un león? combinadas con el uso de lenguaje no verbal y de otras formas de establecer su significado, constituyen una manera más natural y efectiva de adquirir los nombres de los animales que la memorización de una lista de vocabulario).
Por último, y como ya mencioné al principio, ayudan a proporcionar múltiples repeticiones de unas determinadas palabras o estructuras que queremos que los alumnos adquieran.
Escuchar las suficientes repeticiones dentro de un determinado contexto es exactamente lo que los alumnos necesitan para adquirir dichas palabras y estructuras de forma natural. Si esto se lleva a cabo de forma recurrente, el habla o discurso de los alumnos será espontánea y natural, tal y como sucede con nuestra lengua materna.
Si volvemos a fijarnos nuevamente en el caso de los niños pequeños, esto es exactamente lo que sucede para que se produzca la adquisición de su lengua materna. Los niños reciben multitud de repeticiones durante un periodo de tiempo de entre un año y medio y dos años (generalmente) dentro de un contexto conocido e interesante para ellos, hasta que llega un momento en el que han sido capaces de adquirir dichas estructuras completamente y empiezan a producirlas de manera natural.
Como ya he comentado en multitud de ocasiones, los principios y las pruebas de cómo se adquiere realmente una lengua están delante de nuestros propios ojos, pues comprobamos día tras día cómo todos y cada uno de los niños pequeños adquieren su lengua materna de forma natural, pero nos empeñamos en no hacer caso de ello y en seguir empleando métodos que sabemos con certeza que no funcionan.
Simplemente hay que fijarse en la cantidad de horas de inglés que recibe un alumno promedio entre los 5 y los 18 años a través de estas metodologías tradicionales basadas en la gramática y el aprendizaje consciente de una lengua, y comprobar el nivel que se posee al final de dicho “periplo” para constatar la idoneidad de esta forma de enseñanza. Pero, nuevamente, el problema principal es que asumimos que ésta es la única forma posible que existe para enseñar una segunda lengua, sin pararnos a pensar por un instante en la eficacia e idoneidad de la misma. Una eficacia, o más bien la falta de ella, que todos y cada uno de nosotros puede corroborar.
En resumidas cuentas, las constantes preguntas en estas actividades basadas en el “input”, información o entrada comprensible constituyen un recurso fundamental en las clases de idiomas por todas las razones que acabo de mencionar, y especialmente para proporcionar el número de repeticiones que los alumnos necesitan para adquirir el idioma de forma natural.
Los alumnos como elemento central:
A pesar de todas las actividades, recursos y habilidades que he comentado hasta ahora, no existe concepto más importante que considerar a los alumnos como el elemento central de las clases.
Todos nuestros esfuerzos deben y van a estar dedicados a ayudar a que los alumnos adquieran una determinada lengua. Es por ello que las historias se construyen a partir de sus sugerencias, y es por ello también que usamos la personalización constantemente en el aula. Ésta es la mejor forma de asegurarse de que su interés e involucración van a ser muy elevados en todo momento, favoreciendo así una atmósfera segura y relajada, y la posterior adquisición del idioma en cuestión.
Esto no es una cuestión de centrarnos en nuestras habilidades como profesores, en llevar a cabo nuestro trabajo sin preocuparnos de las necesidades de los alumnos o, en última instancia, de si están realmente adquiriendo la lengua. Todo lo que hacemos en las clases de idiomas (y en cualquier tipo de clase, por otra parte) debe tener a los alumnos como elemento central, sus necesidades, sus sensaciones… , pues ésta es la mejor manera de asegurarnos de que la experiencia será satisfactoria.
Debemos dejar que la creatividad de los alumnos construya las historias; debemos mirarles a los ojos cuando les estamos enseñando; involucrar también a todos y cada uno de ellos; asegurarnos de que están comprendiendo el mensaje y, por tanto, adquiriendo la lengua; debemos adaptarnos a sus necesidades; entre muchas otras cosas.
Al fin y al cabo, estamos dando una clase para que ellos adquieran un determinado idioma.
Esto suena bastante evidente pero, desafortunadamente, tendemos a preocuparnos en demasía por nuestras propias habilidades, por desarrollar una determinada historia o seguir una determinada secuencia que teníamos en mente, por utilizar unos determinados recursos… y nos olvidamos de que todo lo que tenemos que hacer es poner a los alumnos en el centro de todos nuestros esfuerzos y ayudarles, por lo tanto, a adquirir el idioma en cuestión.
Esto no quiere decir que debamos transferir el control de la clase a los alumnos, ya que esto podría dañar el proceso de adquisición de la lengua y sería especialmente peligroso para el desarrollo de la clase en determinadas edades, sino que tengamos en cuenta en todo momento sus habilidades, necesidades, sensaciones, niveles… para el desarrollo de las actividades y las clases.
El hecho de considerar a los alumnos como el elemento central de las clases constituye evidentemente una responsabilidad pero, al mismo tiempo, considero que es en cierto modo un alivio también, pues nos garantiza que si ponemos la atención en los alumnos, el proceso será satisfactorio. Obviamente, es necesario poseer el conocimiento sobre qué actividades favorecen la adquisición de una lengua y cuáles no lo hacen, sobre las habilidades más importantes para ayudar a que esto suceda, es necesario también la preparación de las clases…, pero sabemos que centrar toda nuestra atención en los alumnos ayudará enormemente al éxito de las clases de idiomas.
Por tanto, siempre que se respeten los principios de la adquisición subconsciente de una lengua, debemos ser capaces de dejar un poco de lado nuestras preocupaciones personales desde el punto de vista de un profesor de idiomas, y centrar todos nuestros esfuerzos en prestar atención y comprender las necesidades de los alumnos, pues esto nos ayudará a conectar con ellos más profundamente, a construir un clima de confianza mutua y, nuevamente, a que la adquisición del idioma se acabe produciendo.
Considero que éstos son los cinco elementos absolutamente esenciales para el éxito de las clases de idiomas e, independientemente de nuestro estilo o de las actividades que escojamos para implementar en el aula, contribuiremos en mayor medida al desarrollo de las habilidades lingüísticas de los alumnos en el idioma en cuestión si las mantenemos en mente en todo momento. Además, y como ya he comentado en un par de ocasiones, nunca debemos olvidarnos de que el objetivo de una clase de idiomas es, simple y llanamente, ayudar a los alumnos a adquirir un idioma determinado de forma verdadera, y teniendo en cuenta estos cinco elementos estaremos contribuyendo por tanto en gran medida a que esto acabe sucediendo.

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