Éstas son las principales razones por las que el método TPRS constituye una gran herramienta en la enseñanza de idiomas:
A parte de las fundamentales razones teóricas basadas en las investigaciones sobre la adquisición de una lengua del Dr. Stephen Krashen que ya he mencionado en otros artículos como éste sobre la diferencia entre aprendizaje y adquisición, o éste sobre la importancia del “input”, información o entrada comprensible, existen muchas otras razones de carácter diferente que hacen del TPRS un método maravilloso para la enseñanza de idiomas.
El ambiente y la actitud en el aula (y fuera de ella)
Yo he experimentado la posición del alumno en un mini-curso de francés de la extraordinaria profesora Sabrina Sebban-Janczak (parisina de nacimiento y profesora de francés en Denver) durante una semana de talleres y conferencias sobre enseñanza de idiomas basada en el “input” o entrada comprensible y el método TPRS en Agen (Francia) en julio de 2016, y puedo decir que jamás he visto una atmósfera tan positiva, tan llena de alegría, de tanta involucración por parte de todo el mundo, y esta lista podría continuar hasta el infinito, en una clase de idiomas (o en una clase, en general). Es evidente que el carácter y la experiencia de esta maravillosa profesora ayudan, pero los principios del TPRS y la enseñanza de idiomas a través del “input” o entrada comprensible hacen que ésta sea la atmósfera predominante en estas clases.
Simplemente pensad en la posibilidad de la idea de una clase sin mesas y notad cuán diferente sería ya vuestra percepción de la enseñanza. Imaginad la diferencia entre una clase en la que los alumnos escuchan, escriben y memorizan cosas en piloto automático detrás de un pupitre, y una clase en la que los alumnos participan activamente durante toda la clase, se divierten, se ríen y, además, adquieren una lengua de forma subconsciente. Y no sólo durante las clases. Gracias a los principios de la lectura voluntaria libre, los alumnos pueden seguir mejorando sus habilidades en el idioma fuera del aula, mientras leen sus historias favoritas sin ningún tipo de presión.
Soy perfectamente consciente de que no va a aflorar el interés por la lectura de todos los alumnos, pero cuán diferente será su concepción de ésta cuando ellos puedan elegir aquello que más les interese sin que absolutamente nadie tenga ninguna influencia sobre ellos y, sobre todo, nadie les examine a posteriori para comprobar qué han aprendido. Estoy bastante seguro de que todos hemos tenido que leer determinados libros en nuestros años en el colegio y, sobre todo, en el instituto, para después ser examinados sobre nuestros conocimientos y ciertos detalles del libro.
¿Cuál creéis que va a ser la actitud de una persona frente a ese determinado libro y, lo que es peor, frente a la lectura en general, si lo siente como una obligación y además tiene la presión de demostrar sus conocimientos sobre dicho libro?. Efectivamente, de esa forma estamos empujando a los alumnos hacia el odio a la lectura, la cual es absolutamente crucial para mejorar en tantos aspectos de nuestra vida.
Un ejemplo significativo
Hablando de empujar hacia el odio, quería también comentar el caso de otra de las asistentes a este mini-curso de francés (también como alumna).
Kathrin es una chica alemana que lleva mucho tiempo viviendo en Estados Unidos, donde ejerce como profesora de alemán. Como ella misma comenta en su blog, Kathrin estudió francés durante varios años en el colegio e instituto. Al hacerlo mediante métodos basados en el aprendizaje consciente de reglas de gramática y la memorización de listas de vocabulario que todos conocemos ya muy bien, ella misma relata que era incapaz de entender y decir prácticamente nada, lo que unido a la también famosa corrección de errores y al hecho de que el acento y los sonidos del francés no acababan de entusiasmarle, le llevó a, literalmente, odiar el francés.
Según sus propias palabras, este odio se ha mantenido en su cuerpo durante años, pero gracias a su experiencia en el mini-curso de Sabrina, aquél no sólo se ha empezado a evaporar, sino que ha desaparecido para siempre. Os recomiendo leer su post sobre la experiencia, es simplemente espectacular y revelador, pero básicamente el sentirse parte de una atmósfera segura y relajada, el no sentir la presión de tener que producir y de que tus errores sean corregidos todo el tiempo, así como el hecho fundamental de comprender el mensaje en un idioma que era incapaz de entender con anterioridad; hicieron que el odio se transformase en amor, y que su interés por el francés creciese de tal forma que no pueda esperar para seguir adquiriendo más. Toda una vida de odio hacia el francés transformada en un gran interés hacia el mismo en tan sólo una semana.
Éste es un ejemplo más del poder inconmensurable de aplicar los principios correctos y de una atmósfera segura y divertida que despierta el interés dormido de los alumnos por un idioma, la lectura o cualquiera que sea el tema tratado en la clase.
Un nuevo ejemplo
Sé que podéis estar pensando que los profesores están hechos de otra pasta y que, incluso transformados en alumnos, su entusiasmo es superior a la media y su actitud puede no ser representativa. Sin embargo, varios chavales asistieron también a estos mini-cursos (en el caso del mini-curso de francés en cuestión, dos chicos y una chica holandeses de entre 13-15 años), y fue absolutamente revelador observar cómo la actitud, en especial de uno de ellos, cambió según avanzaba el curso y la semana.
No fue en absoluto el caso de un alumno problemático, pero este chico holandés empezó la semana con los brazos cruzados, recostándose en la silla y sin mostrar mucha involucración, y poco a poco se podía observar como el interés empujaba a su postura hacia delante y su participación crecía de de una manera tan evidente que, al final de la semana, parecía una persona diferente. Y, nuevamente, una atmósfera de diversión, sin ningún tipo de presión, y el hecho de que los alumnos participen en la propia creación de las historias y se sientan realizados; hacen que éstos se sientan seguros y se involucren en las clases, lo que favorece, en última instancia, su adquisición de la lengua.
La creatividad de los alumnos
Otra de las razones para el uso de este método es la activación de la faceta creativa de los alumnos.
Tanto los niños como los adultos, aunque normalmente por razones distintas, estamos acostumbrados a tener el cerebro atascado en posición de piloto automático y la función creativa de aquél completamente desconectada. Clases en las que los alumnos se limitan a escuchar, escribir, hacer deberes y memorizar datos para un exámen, la televisión, trabajos con tareas repetitivas y monótonas, horas de exposición al móvil… son sólo algunos de los ejemplos de razones por las que yo creo que esto sucede.
El método TPRS hace que los alumnos creen todo tipo de respuestas creativas para construir historias rocambolescas pero brillantes al mismo tiempo, que utilicen su imaginación para crear la propia historia en sus mentes (lo que va a favorecer la retención del lenguaje y su posterior adquisición, en última instancia), que, incluso, la plasmen en un papel mediante dibujos en algunos casos; y muchas otras acciones que van a activar la función creativa de sus cerebros.
Su eficacia en diversos campos
Y para los más escépticos y aquellos que se guíen por razones más prácticas, en este artículo presento y comento algunos estudios realizados por el propio Dr. Stephen Krashen y su brillante colaboradora, la japonesa Beniko Mason, en los que demuestran la eficacia tanto de los métodos basados en la adquisición del lenguaje como de la propia lectura, en relación con el rendimiento de los alumnos en exámenes oficiales de idiomas como el TOEFL, Advanced o el TOEIC, entre otros. Evidentemente, ésta no es la razón de ser del método TPRS y esta forma de enseñanza de idiomas, pero los resultados en comparación con los métodos tradicionales e, incluso, con los propios cursos específicos de preparación de estos exámenes, son simplemente espectaculares y difíciles de obviar.